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Si bien durante los dos meses de verano la densidad de la población de la región costera alcanza cifras récord, bordeando a menudo la saturación, a unos pocos kilómetros, el  gran área protegida de las montañas de la Albera,  que hace de frontera con la Francia vecina (desde 1659 y gracias al Tratado de los Pirineos, y siguiendo una línea imaginaria entre las poblaciones de Capmany, Espolla y Vilamaniscle), permanece salvaje y prácticamente desierta.

Las montañas de la Albera no son muy altas, y eran, por tanto, la conexión más simple entre la Península Ibérica y el resto de Europa, en épocas pasadas. Durante siglos, particularmente durante la Edad Media, las montañas de La Albera permanecieron habitadas. Y en ninguna otra parte de Cataluña se conserva tal cantidad de estructuras megalíticas (Menhires y Dólmenes) como dentro de estas montañas bajas de silueta afable. Las estructuras megalíticas prueban que el área fue poblada durante la edad neolítica entre 3500 y 1800 años antes de Cristo. Existen alrededor de veinte lugares de origen megalítico. También podemos encontrar dólmenes y menhires en el sur de España. ¿Cómo pudieron estas gentes, que vivieron en una época tan antigua y tan geográficamente dispares, construir un tipo de estructuras tan similares o casi idénticas?

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Dentro de esta zona hay también iglesias románicas y castillos medievales, como por ejemplo, el castillo de Requesens, por el que discurre una interesante ruta que nos ocupó unas 5 horas. El castillo de Requesens es una poderosa fortaleza situado en la cima de una montaña enmedio de la naturaleza, rodeado de algunos enormes cedros libaneses que fueron plantados por los propietarios del castillo. Conduciendo en dirección a La Jonquera, dejamos la NII poco antes de llegar, en dirección a Cantallops (‘llop’ = lobo). El camino va subiendo a través de un paisaje forestal alternando con campos de olivos. Después de pasar el bucólico pueblo de Cantallops, comenzamos la aventura por caminos de arena. Se recomienda acceder con todo terreno, aunque no es obligatorio (abstenerse coches deportivos de poca altura libre al suelo). Después de numerosas curvas llegamos a la cima y nos sumergimos en un bosque verde de hayas, robles y castaños, y adentrándonos en el Parque Natural de las Montañas de la Albera.

neolitic3Se puede acceder al castillo en coche, y los últimos 500 metros se pueden hacer a pie disfrutando del paisaje, aunque nos podríamos encontrar con alguna que otra sorpresa, como por ejemplo, la repentina visita de un jabalí asustadizo, o tal vez de una vaca salvaje de las montañas de la Albera. Estas vacas, entre 1,10 a 1,25 metros de altura, viven en total libertad y son de un gran interés para los investigadores. ¡Cuidado con sus afilados cuernos !

En la última curva antes de llegar al castillo, nos encontraremos con una granja abandonada, ocupada por las vacas salvajes mencionadas. El sonido de sus campanas resuena por todo el bosque. El castillo fue restaurado por la familia de la nobleza Rocaberti a finales del siglo XIX. El castillo ha estado deshabitado durante décadas y desprende una sensación melancólica. En la entrada encontraremos un folleto informativo y un mapa, que indica otra pista de vuelta, mejor acondicionada, y pasando por San Climent de Sescebes.

neolitic4A mitad de camino, sobre un llano con vistas maravillosas al Pico Neulós, la bahía de Roses, así como al Pico d’Esquers y la sierra del Puig, nos encontraremos con el menhir “Vilatoli”. ¿Cómo pudieron nuestros antepasados ​​erigir estos bloques de piedra tan pesados? Probablemente nunca encontraremos la respuesta exacta. ¿Y por qué motivo? Quizás querían dejarnos una prueba de su existencia? Los lugares en donde se encuentran estas estructuras de piedra parecen seleccionados cuidadosamente. Tanto Dólmenes (forma más simple de los sepulcros de piedra, que proveniene del bretón y que significa tabla de piedra) o los menhires (piedra megalítica y on finalidades religiosas) están situados en lugares dominantes o estratégicamente favorables. No sólo el Vilatoli, menhir situado a la derecha del camino, sino también el menhir Murtra, apenas un kilómetro más adelante, y a la izquierda del camino. Mientras el día se va fundiendo, uno puede ver, habitualmente, un pastor volviendo del campo con su enorme rebaño de ovejas y sus perros. En Sant Climent de Sescebes nos reencontramos con la civilización.

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Otra excursión interesante es, a partir de Vilamaniscle, y siguiendo las trazas del GR11, se llega, después de unos 8 kms por un camino a través de matorrales de Garriga, al monasterio benedictino de Sant Quirze de Colera, del siglo X y a la iglesia románica de Santa María de Colera, que se encuentra casi en su estado original.

Sant Quirze de Colera

neolitic6Los restos del monasterio incluyen una basílica maravillosa, la torre del campanario y las paredes adjuntas. Los edificios están dentro de un valle alargado al pie de las montañas del “Pic de la Calma”, el “Pic Jordà”, el “Coll de Banyuls” y el “Coll de Teixó”. En una pendiente bajo del monasterio, una fuente de la mejor agua potable y fresca fluye en un viejo lavamanos. Los monjes utilizaban esta agua para regar tanto jardines como cultivos.

En el camino de vuelta hacia Vilamaniscle, a mitad de camino aproximadamente, cerca de la carretera, el menhir “Mas de Roquer,” bien se merece un alto.

Estos dos caminos son sólo una pequeña parte de las excursiones que se pueden hacer por las montañas de L’Albera. En Espolla, la oficina de información tiene mapas y folletos sobre este área protegida. Es siempre aconsejable parar en la oficina de información local para conseguir información actualizada y detallada de una zona o de un pueblo. Recordad también llevar siempre agua y un poco de alimento. Un mapa excelente de esta zona es “Alt Empordà 2” con una escala muy detallada de 1: 50.000.


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