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Desde la Edad Media hasta los tiempos modernos

El puerto de Llançà no ha sido siempre un puerto con dársenas de hormigón para el amarre de grandes barcos pesqueros, y con espacio para cientos de embarcaciones de recreo, una calle comercial y edificios de viviendas para residentes y turistas.

Durante varios siglos, el puerto sólo estuvo ocupado por pequeños barcos de pesca propulsados sólo por velas o mediante remos, y arrastrados sobre la playa después de su uso. Había cabañas que sólo servían de almacén para los útiles de pesca, ya que los habitantes de Llançà vivían en el pueblo.

Durante la Edad Media el pueblo no estuvo muy fortificado, aunque sí suficientemente salvaguardado de los ataques enemigos. (Hay estructuras de defensa similares en pueblos vecinos como Port de la Selva o Selva de mar). Siempre había que estar alerta frente a un ataque enemigo, en particular de los piratas. Cada cierto tiempo tenía lugar alguna batalla vehemente, por lo que no debe sorprender a nadie que el nombre de Llançà provenga de ‘Llança’ (lanza). En algunos manuscritos antiguos Llançà es a menudo designado como el valle de las lanzas. Si bien alguin pudiera tener dudas sobre la aptitud militar de la ciudad, éstas quedan despejadas rápidamente viendo el escudo de armas de Llançà, el cual, a pesar de todas las modificaciones sufridas con el paso del tiempo, nunca ha perdido sus tres lanzas.

Piratas en Llançà y en Cap de Creus

Durante los siglos XII y XIII, Barcelona se convirtió en un importante centro de intercambio comercial con Oriente, sobretodo después de su participación en las Cruzadas, y la economía de Cataluña experimentó un gran desarrollo. En el siglo XVI, fraguas y molinos se multiplican por doquier, así como las exportaciones de hierro catalán … Los piratas, siempre presentes allí donde el comercio florecía, asentaron sus guaridas en cuevas rocosas a lo largo de las vías marítimas. Cataluña seguirá siendo uno de sus objetivos hasta el siglo XVII, cuando termina su prosperidad mantenida.

La piratería aumentó considerablemente desde que Constantinopla cayó a manos de los turcos. El rey Felipe II ordenó la reconstrucción del sistema de defensa litoral, aunque no consiguió disuadir a los bandidos de los mares como demuestra un relato de 1581, en donde el Consejo Municipal de Barcelona informaba que el famoso corsario Oxtali, se dirigía desde Italia y con sus 60 galeras, hacia aguas catalanas. Barcelona envió inmediatamente mensajes a lo largo de toda la costa. Gaspar de Vallgornera, abad de Sant Pere de Rodes y señor de los pueblos de los alrededores, prohibió salir a faenar a los pescadores de Llançà y Port de la Selva.

La táctica de defensa de Llançà era simple pero efectiva: sus habitantes repelían el ataque inicial y luego se retiraraban a las montañas. Si el peligro persistía, los habitantes del interior del país venían en su ayuda, sobretodo teniendo en cuenta que un edicto de Girona les obligaba. Estos hombres venían por un par de semanas y se instalaban en puntos estratégicos de la zona montañosa hasta que el peligro desaparecía.

Aunque los catalanes tenían bien organizado su sistema defensivo, en 1652, una treintena de hombres armados de Llançà tuvieron que repeler un ataque de 3 barcos pirata. Y aún en 1726, tuvieron que volver a salvar Cadaqués de un inminente ataque pirata, siendo ésta la última vez que se narraría un evento de este tipo en las crónicas de la aldea. El descubrimiento de la navegación a vapor puso fin a la piratería en la región.

Uf! Nos fue de poco que muchos no veranearan en Francia!

En 1640, los catalanes entran en guerra contra el gobierno central en la llamada Guerra dels Soldadors. Madrid apeló a los catalanes no sólo para recaudar impuestos y financiar así su política imperial, sino para que diesen también acogida a los soldados que luchaban contra Francia durante la Guerra de los Treinta Años. Se trató, en el fondo, de una guerra de secesión. Luis XIII y Richelieu no desperdiciaron la ocasion para recuperar el Rosellón, cedida a los Reyes Católicos en 1493 por Carlos VIII, a cambio de su apoyo durante su enfrentamiento italiano.

En 1642, tropas francesas fueron enviadas al Rosellón, y Luis XIII consiguió la rendición de la guarnición española durante el asedio de Perpiñán. Negociaciones largas y confrontadas tuvieron lugar para acabar de determinar el curso de la frontera franco-española.

Así, durante la elaboración del Tratado de los Pirineos (o Paz de los Pirineos), el ministro Luis de Haro y el Cardenal Mazarino trataron de llegar a un acuerdo dentro de las 24 sesiones que se celebraron en el Bidasoa, en la Isla de los Faisanes, del 13 agosto al 7 noviembre de 1759, y en una lujosa tienda de campaña decorada por Velázquez.

El resultado no fue nada concluyente: sólo se pactó que la línea fronteriza tenía que ser rediseñada y que una comisión franco-española se reuniría en Ceret para decidir los detalles. Francia delegó en los obispos de Toulouse y Orange, y España en los catalanes Miquel Salvà y Valgornera y Josep Romeu de Ferrer. Durante las negociaciones, los franceses exigieron los pueblos de Llançà, Port de la Selva, el monasterio de Sant Pere de Rodes y la parte norte del Cap de Creus en referencia a un antigua frontera del rey Jaume I que las incluía dentro del Rosellón. Después de mucho discutir, las partes involucradas llegaron a un acuerdo en que la frontera común se establecería entre Banyuls y el Cabo de Cerbera. Así nació dentro del Pirineo Oriental, la frontera que cruzamos hoy en día sin incidentes, a pesar de las discusiones que perduraron hasta … el siglo XX.

La vid y el olivo, la riqueza del siglo XVII

Entre 1718 y 1720, el precio del trigo llegó a ser muy bajo, mientras que el del vino no paraba de aumentar. Esto animó, no sólo a empordaneses, sinó a multitud de catalanes, a plantar vides en vastas áreas que nunca se habían trabajado. De esta manera fue como se crearon campos nuevos en los alrededores de Llançà. Los terrenos más accidentados fueron reservados para el cultivo de olivos, ya que la buena calidad del terreno aseguraba una producción abundante de aceite. Son testimonio de ello las colinas que rodean Llançà, con los vistosos cultivos en terrazas.

Hubo otro hecho que también favoreció el desarrollo de la agricultura: la aparición de la enfiteusis, creada en Cataluña bajo la Ley regional. Se trata de un contrato de arrendamiento de largo tiempo. Hasta entonces, la gente pobre no podía considerar poseer terreno alguno. Pero a partir de la enfiteusis, tuvieron la oportunidad de, no sólo cultivar la tierra, sinó también el transmitir o vender su derecho a trabajarla, y todo por una modesta renta anual . Estos cambios dieron lugar a un auge comercial que acompañó los inicios de la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII, promoviendo el nacimiento de una Cataluña moderna.

En la región de Llançà, se producía vino blanco, tinto, rosado y Moscatel. En la época de la cosecha, compradores de toda la provincia de daban cita en el pueblo. Un testigo anónimo de esos felices momentos informa que los genoveses, habiendo probado el buen gusto y la dulzura de los vinos del país, se convirtieron en los más entusiastas compradores, y sus barcos anclados en la bahía, cargaban además cajas llenas de fruta para su transporte marítimo. Más tarde, se les unirían franceses y alemanes que compraban cantidades enormes de todo tipo de productos que se les ofrecía. Muchos españoles contribuyeron también a la gran reputación de las sabrosas uvas que hicieron famosa Llançà.

El nacimiento del Puerto de Llançà

Desde que el siglo XVII terminó, la piratería no representó nunca más un peligro real para los habitantes costeros. Empezaron a surgir entonces las primeras aldeas de pescadores marinos. Anteriormente, las gentes de Llançà vivían en el pueblo y en las chozas frente al mar sólo guardaban útiles de pesca.

El riesgo de un ataque enemigo se había convertido en una cosa muy inusual, la pesca se intensificó, y cada vez más, la economía regional fue ganando protagonismo, a raiz de la cual el número de pescadores aumentó y se construyeron las primeras casas para sus familias. Éstas estban pegadas las una de las otras, como para poder hacer un frente común a un improbable ataque pirata.

Es en el siglo XVIII cuando se produjo la ampliación del puerto, a causa de la exportación de vino y aceite a Italia y Francia, además del incremento de las actividades pesqueras. En ese momento, Llançà cuenta con cerca de 200 habitantes. Esta cifra varió ligeramente hasta la llegada del turismo. Una parte de los fundadores del Puerto de Llançà es con toda seguridad de origen francés. De hecho, entre 1620 y 1640, 26 tumbas de ‘Francés’ se enumeran en el cementerio, y sin contar a las mujeres, ¡por supuesto! Se calcula que en aquellos tiempos, al menos un 20% de la población era de origen francés. Algunos apellidos actuales mantienen la herencia: Gros, Garriga …

Al igual que tantos otros puertos, el de Llançà tiene una capilla dedicada a la Mare de Deu (Madre de Dios). La fecha que se indica sobre la entrada, 1691, corresponde al año de su construcción. La leyenda cuenta que …

“Durante una terrible tormenta con un oleaje tremendo, un barco fue empujado a la deriva hacia el Golfo de León . Los marineros, convencidos de que su última hora estaba a punto de llegar, se comprometieron a construir una capilla a la Virgen si salían de aquella terrible aventura … Y acabaron atracando en la bahía de Llançà.

Crisis de la viticultura

En el siglo XIX, la viticultura es la principal fuente de ingresos de los habitantes de Llançà. La década 1845 -1855 es sin duda el período más intenso de plantación del viñedo toda la historia de la agricultura de la región, en contrapartida de los cereales y el ganado. De hecho, los vinos del Empordà se venden a precios considerables en muchos países europeos. Llançà, al igual que muchos pueblos de los alrededores como Rabós, Vilamaniscle, Vilajuïga …, experimentaron un período excepcional de prosperidad entre 1830 y 1855. El oídio, por desgracia, le pone fin de una manera drástica. Esta enfermedad, más dañina para la vid que para el resto de plantas, está provocada por un hongo. Las hojas se cubren con un polvo blanquecino similar a la ceniza, llegando a caer en ocasiones. Se considera, por tanto, perdida la cosecha .

En 1856, el oidio se menciona por primera vez en las cronicas del pueblo: el Ayuntamiento pide a la Administración Tributaria una exoneración de impuestos para los propietarios de las viñas contaminadas. En 1857, vuelve a reiterar su petición y afirma que la cosecha de uva ha sido prácticamente nula durante seis años, que se trata de la principal fuente de ingresos del pueblo, y que la gente no tiene ingresos con los que pagar los impuestos.

El oídio es combatido con azufre, y a partir de esa fecha, no hay ninguna otra referencia a la enfermedad en los archivos de Llançà. Este hecho sugiere que se ha pasado página a una época negra en la historia de la viticultura y la exportación de vino volvió a prosperar otra vez… hasta que llegó la crisis de la filoxera durante los años 1880-1890. El primer caso fue registrado en Rabós en 1879.

Esta nueva epidemia se debe a una especie de pulgón – filoxera vastatrix – que ataca las raíces de las vides causando su muerte. Fue declarada por primera vez en Estados Unidos, y luego se extendió rápidamente por toda Europa, especialmente en Francia y España. Esto se explica por el hecho de que en este momento, ante la voluntad de masificar la producción, se importan injertos de vides de California, famosos por su robustez y productividad. Entre esas vides, había muchas de contaminadas, y como los climas cálidos favorecen el desarrollo de la filoxera, las cosechas del Mediterráneo fueron devastadas…

En resumen, al poco tiempo de haber superado la crisis del oidio, las viñas son nuevamente infectadas por la filoxera, y de manera más traumática aún. Los habitantes vuelven a tramitar multitud de peticiones a Hacienda para librarse de unos impuestos que los condenan a la miseria.

A partir de 1904, parece que los cultivos vuelven a niveles normales. Sin embargo, la viticultura de Llançà nunca volvió a recuperar la importancia que tuvo, pero.. unas décadas más tarde, las viñas se darían paso a parcelas para edificar a causa del auge del turismo.

1978 El Ferrocarril llega al pueblo

El 20 de enero 1878, un tren especial, ‘El Primero’, entra en Llançà. El convoy, compuesto por cinco coches espléndidos fabricados en Alemania, una locomotora decorada con el Escudo de armas español y la bandera francesa, flores, coronas de laureles, ramas de olivo,… es recibido en una estación invadida por una multitud de entusiastas que aplaudían frenéticamente. En Colera el tren es recibido por una compañía del 49º Regimiento de Infantería de Asia, con pancartas y banda de música. Ya en Girona, el obispo bendijo los coches y en un altar instalado en la estación se celebró una misa.

Ese día, el termómetro registró una temperatura de -1ºC, y se permitió a la comitiva religiosa, de manera excepcional, el abrigarse durante el oficio. Completó la celebración un banquete en el restaurante de la estación. De esta manera se nos describe la inauguración de la línea ferroviaria Barcelona-Portbou. Un gran evento de gran orgullo para los catalanes/as, ya que la construcción de esta línea fue una iniciativa propia y asumiendo la totalidad de la inversión.

Sin embargo, esta conexión había requerido mucha mano de obra. La mayoría provenía del interior del país y se instalaron con sus familias en casas alquiladas. Otros vivían en barracones construidos por la compañía ferroviaria.

Aquí, las obras que dieron más empleo fueron las de los túneles de Grifeu, Garbet, Portbou y el puente de Colera. Éste puente, por ejemplo, tuvo que ser reconstruido después de derrumbarse el 5 de diciembre de 1877 por una tramuntana fortísima.

A partir del 23 de enero, se programaron dos trenes diarios entre Barcelona y Portbou. La línea ferroviaria llegaría a Cerbera el 15 de mayo de 1878. Los habitantes de Llançà empezaron a aprovechar esta apertura al el exterior, tanto económica como culturalmente…

El entusiasmo inicial, algunos años más tarde, desaparecería por completo, tal y como demuestra un requerimiento del alcalde al Gobernador de la Provincia con fecha del 18 de mayo 1888, en donde se pide una disminución de los impuestos a causa de la disminución de la población, ya que los trabajadores empleados en la construcción del ferrocarril habían regresado a sus poblaciones de origen, y muchos agricultores y peones agrícolas, a raiz de la crisis de la filoxera, habían emigrado a otras regiones, buscando rehacer sus vidas.

Plaça Major

El enfrentamiento entre carlistas y liberales es una característica de la historia política española del siglo XIX. Los carlistas, partidarios de Carlos de Borbón, Conde de Molina, trataron de apoderarse del trono de España durante tres guerras: 1833-1839, 1846-1849, 1872-1876.

La ideología republicana, federal y liberal, fue ganando poco a poco muchos seguidores entre la población de Llançà. La plantación del Árbol de la Libertad, un plátano, en 1870, enmedio de la Plaza de la Constitución – la actual Plaça Major – es la expresión de ese éxito.La costumbre de plantar un árbol en un lugar público como un símbolo de la conquista de las libertades de la gente vino de Francia. Data de la Revolución de 1789 y fue retomada en 1848 después de la caída de Luis Felipe.

No hay ningún registro del pueblo en dónde se mencione este hecho, pero sí en un poema de un antiguo Alcalde, el Padre Purcallas, que dedicó una oda a la aldea. Josep Clavaguera i Canet, autor de las “Notas Históricas” sobre la historia de Llançà, da fiabilidad al texto. El Alcalde escribió “fou plantat el 1870 i al 1872 se li feu la corretgera per matar-lo” (‘fue plantado el 1870 y en 1872 se le hizo la correa para matarlo”). Pero al final no lo cortaron y el árbol Llibertat ha sido testigo de más de un siglo de la historia del pueblo dando unas ramas que cubren casi toda la Plaza.

Época moderna

A principios del siglo XX, después de que la filoxera fuese derrotada, la población reanudó sus actividades habituales. La viticultura es de nuevo rentable, y al menos tres importantes destilerías funcionaban a máxim capacidad. El nivel de vida de los habitantes fue mejorando, y veían el futuro con optimismo, a excepción de una treintena de familias que recibían ayuda de la comunidad en forma de vales de carne o atención médica gratuita.

Los Llançaneses no dudan en embellecer y modernizar su pueblo. Se plantan árboles por doquier, las casas se reforman, se mejoran calles, se perforan pozos, otros se convierten en fuentes … El ayuntamiento incluso se puede permitir el gasto de comprar un coche fúnebre..

En 1907, entran en servicio las primeras lámparas de gas, y en 1915, llega la electricidad y se inaugurar el alumbrado público con una gran fiesta. El mismo año, la compañía La Artesana, solicita permiso para proyectar películas … El progreso avanza sin pausa…

Las comunicaciones por carretera también mejoran. La construcción de la carretera entre Colera y Llançà comienza en 1909, y cuatro años después, la de Llançà Vilajuiga, paralelamente a la aparición de las primeras bicicletas y automóviles. Pero este frenesí de obras públicas provoca cierta furia, especialmente entre aquellos que tienen la desgracia de poseer tierras por donde tienen que pasar las carreteras y que les son expropiadas.

Incluso la vida cultural está experimentando un renacimiento como lo demuestra el desarrollo de la educación en los primeros años del siglo, al menos hasta que en 1923, Primo de Rivera dio un golpe de Estado y la instauración de la dictadura supuso un freno en . De hecho, Llançà tenía 2 escuelas primaria públicas (una para niños y otra para niñas) y tres escuelas privadas (dos para niños y 1 para niñas). En 1906, un inspector remarca la disciplina y el buén nivel de los estudiantes, aunque apunta que la distribución de las clases es un poco deficiente.

Los habitantes del pueblo se distraían sobretodo en las fiestas populares, tanto religiosas como paganas, en donde, de vez en cuando, se tenía la ocasión de organizar bailes. Curiosamente, la sardana, tan extendida hoy en día, es mencionada una sola vez en los archivos municipales de la época: en donde unos jóvenes solicitaban un permiso para celebrar un concurso de sardanas para la Fiesta Mayor. El alcalde les da una ayuda de 25 pesetas .. Otra distracción popular con muy buena acogida era la proyección de películas, que más tarde sustituiría el gran número de representaciones teatrales populares.

El siguiente período – 1923-1930 – sería también una época de mucho trabajo, propia de las dictaduras, pero los habitantes de Llançà ya habían realizado lo esencial..

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